Microbioma intestinal y Alzheimer

La microbiota intestinal desempeña un papel esencial en el desarrollo y la maduración del sistema inmunológico (Angelucci et al. 2019). Diversos estudios han demostrado que una mayor diversidad microbiana está asociada con una mejor salud general (Romanenko et al. 2021). Entre sus funciones clave, la microbiota intestinal produce moléculas neuroprotectoras como ácidos grasos de cadena corta (butirato y acetato) y antioxidantes (Angelucci et al. 2019). Sin embargo, un desequilibrio en esta comunidad microbiana, conocido como disbiosis, se ha relacionado recientemente con procesos neurodegenerativos (Romanenko et al. 2021).

La disbiosis intestinal puede inducir neuroinflamación, reducir la expresión del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) y del receptor NMDA, lo cual favorece el deterioro cognitivo, trastornos del estado de ánimo y niveles elevados de beta-amiloide (Aβ), debido al aumento de la permeabilidad intestinal (Imagen 1) (Angelucci et al. 2019; Romanenko et al. 2021)

Imagen 1. Representación esquemática del papel del eje microbiota-intestino-cerebro en la enfermedad de Alzheimer (modificado de Angelucci, 2019). 

La enfermedad de Alzheimer, la forma más común de demencia en la vejez, se caracteriza por un deterioro progresivo de las funciones cognitivas, pérdida de neuronas y sinapsis específicas. Esta patología es multifactorial, influenciada por factores genéticos, vasculares, de estilo de vida y ambientales (Grabrucker et al. 2023). En los últimos años, se ha identificado una estrecha relación entre el Alzheimer y la microbiota intestinal, lo que ha dado origen al concepto del eje microbiota-intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional que integra señales neuronales, inmunológicas, endocrinas y metabólicas (Romanenko et al. 2021).

Aunque inicialmente fue considerada una hipótesis, hoy en día el eje microbiota-intestino-cerebro está respaldado por abundante evidencia clínica y preclínica. Cambios en la composición de la microbiota intestinal se han asociado no solo con ansiedad y depresión, sino también con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer y la epilepsia farmacorresistente (Angelucci et al. 2019; Romanenko et al. 2021).

En pacientes con Alzheimer, se ha observado un aumento en bacterias de los filos Proteobacteria y Bacteroidetes, junto con una disminución de Firmicutes y Actinobacteria, en comparación con personas cognitivamente sanas (Romanenko et al. 2021). Asimismo, se han detectado alteraciones en grupos específicos como Bacteroides, Ruminococcus, Lachnospiraceae, Actinobacteria y Selenomonadales (Romanenko et al. 2021). También se ha identificado una menor presencia de bacterias productoras de butirato, un metabolito clave que está negativamente asociado con la acumulación de amiloide cortical (Grabrucker et al. 2023).

Cualquier factor que altera la microbiota intestinal puede actuar como desencadenante de trastornos neurológicos, incluido la enfermedad de Alzheimer (Angelucci et al. 2019; Romanenko et al. 2021). Estudios recientes en humanos han mostrado que infecciones virales o bacterianas —como Helicobacter pylori, Porphyromonas gingivalis, Candida albicans, Candida glabrata, virus del herpes simple, VIH o citomegalovirus— pueden influir en la fisiopatología del Alzheimer mediante la liberación de citocinas proinflamatorias y la inducción de estrés oxidativo (Romanenko et al. 2021).

Además, hasta un 81 % de los pacientes con Alzheimer también presentan diabetes tipo 2 (DM2), y se ha demostrado que la resistencia a la insulina y la hiperinsulinemia inducen inflamación y elevan la expresión de mediadores proinflamatorios, lo cual favorece el desarrollo de Alzheimer (Romanenko et al. 2021).

El uso prolongado de antibióticos de amplio espectro también se ha vinculado con trastornos neurológicos como ansiedad, depresión, psicosis o delirio, al alterar negativamente la diversidad microbiana intestinal y favorecer el deterioro neurológico (Angelucci et al. 2019; Romanenko et al. 2021). Incluso estudios preclínicos con antibióticos han demostrado que la microbiota regula la producción de mielina en la corteza prefrontal en modelos animales (Imagen 1) (Angelucci et al. 2019).

Por otro lado, la suplementación dietética con probióticos ha mostrado beneficios no solo para mantener la actividad cerebral normal, sino también para revertir alteraciones cognitivas en pacientes con Alzheimer (Angelucci et al. 2019). Estos efectos positivos se deben a la capacidad de los probióticos para estabilizar el pH intestinal, reducir la inflamación y potenciar la producción de moléculas neuroprotectoras (Imagen 2) (Romanenko et al. 2021).

Por eso, realizar un test de microbiota intestinal es clave para detectar posibles desequilibrios que podrían estar afectando tu salud cerebral y cognitiva. Con nuestro servicio, obtendrás un análisis completo de tu microbiota y recomendaciones personalizadas en alimentación, uso de probióticos y estilo de vida. Anticípate, cuida tu salud intestinal y previene desde ahora trastornos neurológicos. Tu bienestar empieza en el intestino, y nosotros te ayudamos a entenderlo.

Imagen 2.  El papel de la nutrición y la microbiota intestinal en la patogénesis de la enfermedad de Alzheimer (modificado de Romanenko, 2021).

 

Referencias

Angelucci, F., Cechova, K., Amlerova, J., & Hort, J. (2019). Antibiotics, gut microbiota, and Alzheimer’s disease. Journal of neuroinflammation, 16, 1-10.

Grabrucker, S., Marizzoni, M., Silajdžić, E., Lopizzo, N., Mombelli, E., Nicolas, S., et al. (2023). Microbiota from Alzheimer’s patients induce deficits in cognition and hippocampal neurogenesis. Brain, 146(12), 4916-4934.

Romanenko, M., Kholin, V., Koliada, A., & Vaiserman, A. (2021). Nutrition, gut microbiota, and Alzheimer’s disease. Frontiers in psychiatry, 12, 712673.

Jiang, C., Li, G., Huang, P., Liu, Z., & Zhao, B. (2017). The gut microbiota and Alzheimer’s disease. Journal of Alzheimer’s Disease, 58(1), 1-15.

¿Qué puedo hacer para mejorar mi microbiota intestinal?

Mantener una microbiota intestinal equilibrada es fundamental para tu salud integral. Una buena diversidad microbiana se logra principalmente a través de una alimentación variada, incluyendo el hábito de probar diferentes tipos de alimentos, especialmente durante viajes. Sin embargo, factores como el uso excesivo de conservantes y antibióticos, y los cambios en los hábitos alimenticios de las sociedades modernas están contribuyendo a una pérdida progresiva de esa diversidad microbiana.

Con cada generación, esta pérdida se acentúa: el contacto limitado con animales, plantas o el suelo, el consumo de alimentos ultraprocesados, el estrés crónico y el uso frecuente de antibióticos alteran la composición microbiana, generando un desequilibrio conocido como disbiosis. Además, dietas ricas en grasas pueden modificar los ácidos biliares, afectando la composición bacteriana intestinal y comprometiendo la homeostasis inmunológica en personas susceptibles.

Una microbiota saludable no solo impacta en el metabolismo, el peso, el apetito y la digestión, sino también en el estado de ánimo, la energía, la apariencia física y la resistencia frente al estrés y las infecciones. Por eso, es crucial cuidar de ella.

Los probióticos, como los lactobacilos, estreptococos y bifidobacterias, son microorganismos vivos que, en cantidades adecuadas, brindan beneficios a la salud. Estos interactúan con las células del cuerpo mediante señales inmunológicas o fisicoquímicas, y pueden incluso modificar la actividad enzimática de la microbiota intestinal.
Por otro lado, los prebióticos son fibras no digeribles que actúan como alimento para las bacterias beneficiosas, promoviendo su crecimiento y actividad. Así, los probióticos aportan bacterias saludables y los prebióticos crean el ambiente ideal para que prosperen.

Se recomienda el uso de probióticos basados en bacterias ácido-lácticas por su efectividad en el tratamiento de disbiosis. Además, compuestos naturales como las antocianinas (presentes en frutas y verduras de colores intensos) pueden reducir la inflamación, y nutrientes como carotenoides, polifenoles, antioxidantes y fibra favorecen el rendimiento cognitivo y la salud intestinal.

El Dr. Raphael Kellman, en su libro The Microbiome Diet, propone un enfoque práctico para restaurar el equilibrio intestinal con el protocolo de las 4R:

  1. Remove: eliminar los alimentos que dañan el microbioma.
  2. Replace: reemplazar las enzimas y el ácido estomacal para una digestión óptima.
  3. Reinoculate: reinocular con probióticos y prebióticos.
  4. Repair: reparar el revestimiento intestinal dañado.

Equilibrar tu microbiota no solo mejora tu digestión, sino que también puede prevenir enfermedades autoinmunes y fortalecer tu sistema inmunológico. La clave está en una alimentación diversa y consciente, acompañada de intervenciones como probióticos y prebióticos para mantener y potenciar tu salud desde el intestino.

Referencias 

Kellman, R. (2014). The Microbiome Diet: The scientifically proven way to restore your gut health and achieve permanent weight loss. Da Capo Lifelong Books.

Scott, K. P., Jean-Michel, A., Midtvedt, T., & van Hemert, S. (2015). Manipulating the gut microbiota to maintain health and treat disease. Microbial ecology in health and disease, 26(1), 25877.

Angelucci, F., Cechova, K., Amlerova, J., & Hort, J. (2019). Antibiotics, gut microbiota, and Alzheimer’s disease. Journal of neuroinflammation, 16, 1-10.

Tumani, M. F., Pavez, C., & Parada, A. (2020). Microbiota, hábitos alimentarios y dieta en enfermedad inflamatoria intestinal. Revista chilena de nutrición, 47(5), 822-829.

Romanenko, M., Kholin, V., Koliada, A., & Vaiserman, A. (2021). Nutrition, gut microbiota, and Alzheimer’s disease. Frontiers in psychiatry, 12, 712673.

¿Qué factores afectan la microbiota intestinal?

A lo largo de la vida, la composición de nuestra microbiota sigue cambiando y está influenciada por diversos factores, entre los que destacan:

  1. Dieta: Es uno de los factores más importantes. Una alimentación rica en fibra favorece la proliferación de bacterias beneficiosas, mientras que el consumo excesivo de alimentos ultraprocesados y grasas saturadas puede alterar la microbiota. Las modificaciones en la dieta harán que diferentes nutrientes estén más disponibles, lo que cambiará la dominancia de ciertas bacterias. Por ejemplo, los individuos que consumen más carne en su dieta tienen microbiotas intestinales significativamente diferentes a aquellos con dietas predominantemente basadas en plantas, debido a que ciertas bacterias florecen en la abundancia de proteínas. Por ejemplo, las especies de Bacteroides tienden a dominar en el tracto gastrointestinal de aquellos que consumen proteínas animales, y las especies de Prevotella están asociadas con dietas basadas en plantas.
  2. Uso excesivo de antibióticos: Los antibióticos pueden eliminar tanto bacterias patógenas como beneficiosas, afectando negativamente la diversidad de la microbiota ya que el uso frecuente de antibióticos puede reducir drásticamente la cantidad y diversidad de microorganismos benéficos en el intestino, causando un desequilibrio.
  3. Edad: La microbiota intestinal se forma desde el nacimiento y cambia con la edad. El tipo de parto (natural o cesárea) y la alimentación en la infancia (leche materna o fórmula) pueden influir en la composición inicial de la microbiota. A lo largo de la vida, cambios hormonales, enfermedades y el envejecimiento también afectan su equilibrio.
  4. Estilo de vida y ambiente: El estrés, la falta de sueño y el sedentarismo pueden afectar negativamente la diversidad microbiana. Por otra parte, la actividad física, el contacto con la naturaleza y el sueño reparador pueden influir positivamente en la composición de la microbiota.

 

¿De qué está compuesto la microbiota intestinal?

El intestino humano alberga billones de microorganismos que forman lo que conocemos como microbioma o microbiota intestinal. Este ecosistema de bacterias, virus, hongos y arqueas desempeñan un papel clave en nuestra salud digestiva, nuestro sistema inmunológico e incluso en nuestra predisposición a ciertas enfermedades. La microbiota intestinal está compuesta principalmente por bacterias y en menor medida por hongos, arqueas y virus.

¿Qué bacterias predominan en un intestino sano?

En un intestino saludable, los grupos de bacterias más abundantes pertenecen a dos grandes familias: Firmicutes y Bacteroidetes (representando el 90% de la microbiota intestinal). El filo Firmicutes está compuesto por más de 200 géneros, entre ellos Lactobacillus, Bacillus, Clostridium, Enterococcus y Ruminococcus. Mientras que el filo Bacteroidetes incluye géneros predominantes como Bacteroides y Prevotella.

También hay pequeñas cantidades de otros grupos como Actinobacteria representado principalmente por el género Bifidobacterium y Verrucomicrobia. Un filo bacteriano menos común en intestinos sanos es Proteobacteria, pero su aumento ha sido asociado con diversas enfermedades gastrointestinales.

El equilibrio entre estos grupos bacterianos es fundamental para el bienestar. Se ha sugerido que la proporción Firmicutes:Bacteroidetes podría estar relacionada con la obesidad y los problemas metabólicos, pero los estudios no han llegado a un consenso definitivo.

Por otro lado, algunas especies como Prevotella copri son exclusivas del intestino y raramente se encuentran en otras partes del cuerpo, por lo que pueden considerarse marcadores del microbioma intestinal.

¿Existen bacterias perjudiciales en el intestino sano?

Sí, pero en muy pequeñas cantidades. Menos del 0.1% del microbioma intestinal está compuesto por bacterias que pueden causar enfermedades, como: Campylobacter jejuni, Salmonella enterica, Vibrio cholerae. También existen patógenos oportunistas, es decir, bacterias que no suelen causar daño en personas sanas, pero que pueden volverse problemáticas si el sistema inmunológico está debilitado. Ejemplos incluyen: Bacteroides fragilis (presente en el 16% de las personas sanas), Escherichia coli (presente en el 15% de las personas sanas en cantidades significativas). Un microbioma intestinal sano suele tener un equilibrio adecuado de bacterias beneficiosas y un bajo porcentaje de bacterias patógenas.

La microbiota intestinal se desarrolla durante la infancia. Las especies microbianas que participan en la colonización inicial del tracto digestivo varían según el modo de nacimiento del recién nacido. Tanto el parto vaginal como la cesárea exponen al bebé a diferentes comunidades microbianas. En los nacimientos por parto vaginal, el bebé entra en contacto con la microbiota vaginal materna, lo que influye en la composición inicial de su microbiota intestinal. Específicamente, con bacterias como Lactobacillus, Prevotella y Sneathia. En contraste, los bebés nacidos por cesárea están más influenciados por la microbiota de la piel materna y tienden a desarrollar una microbiota menos diversa, predominante en especies de Staphylococcus, Corynebacterium y Propionibacterium.

Además del modo de nacimiento, el tipo de alimentación en los primeros meses de vida también influye en la microbiota intestinal. La leche materna y la fórmula infantil presentan diferencias en su composición bacteriana, compuestos bioactivos y nutrientes. Por esta razón, las especies del género Bifidobacterium predominan en la microbiota de bebés alimentados con leche materna, mientras que en los bebés alimentados con fórmula son más frecuentes las especies de la familia Enterobacteriaceae.

Es importante destacar que la comunidad microbiana del intestino experimenta numerosos cambios en las primeras etapas del desarrollo del recién nacido, y los efectos de factores intrínsecos y extrínsecos pueden ser temporales y transitorios.

¿Cómo puedo saber que tiene mi microbiota intestinal?

Mediante un test de microbiota intestinal que hace pruebas de ADN de la microbiota. Éste es el método más preciso y confiable disponible, consiste en enviar una muestra de heces a un laboratorio especializado, que analizará el ADN bacteriano para identificar las diferentes especies de bacterias y otros microorganismos presentes en tu intestino.

En Micro-me, te ofrecemos una forma sencilla y cómoda de obtener esta valiosa información. Solo necesitas usar el kit que te enviaremos a casa para recolectar una muestra de heces. Luego, envíala a nuestro laboratorio especializado en Tlaxcala, donde realizaremos el análisis más detallado de tu microbiota intestinal. En solo 3 a 4 semanas, recibirás un informe completo y personalizado con los resultados, para que puedas saber la composición de tu microbiota intestinal. Conocer el estado de tu microbiota intestinal te permitirá tomar decisiones informadas sobre tu dieta y estilo de vida, favoreciendo una salud digestiva y general óptima.

¡Descubre lo que tu microbiota intestinal dice sobre tu salud con nuestro análisis de ADN!

 

 

 

 

¿Cuáles son las funciones de la microbiota intestinal?

Hoy sabemos que la microbiota intestinal forma parte de un ecosistema esencial para nuestra salud. Este conjunto de bacterias, hongos, virus, y arqueas convive con nosotros en una relación simbiótica. Un microbioma intestinal saludable es clave para el bienestar general, ya que participa en múltiples funciones fisiológicas, entre ellas:

Digestión y metabolismo: Ayuda a descomponer compuestos complejos como la fibra, produciendo ácidos grasos de cadena corta que benefician la salud intestinal.
Regulación del sistema inmunológico: Mantiene el equilibrio entre la tolerancia a microorganismos beneficiosos y la respuesta contra patógenos, reduciendo el riesgo de enfermedades autoinmunes y alergias.
Síntesis de vitaminas: Algunas bacterias intestinales producen vitaminas del grupo B y K, esenciales para el metabolismo.
Protección contra patógenos: Un microbioma diverso compite con microorganismos dañinos, previniendo infecciones intestinales y enfermedades inflamatorias.
Salud mental y bienestar emocional: Al influir en la producción de neurotransmisores y la regulación del estrés, la microbiota intestinal impacta el estado de ánimo y puede estar relacionado con trastornos como la depresión y la ansiedad.

¿Qué hace la microbiota por nosotros?

  • Fermenta carbohidratos que no pudimos digerir, generando ácidos grasos de cadena corta, que nutren nuestras células intestinales.
  • Ayuda a digerir proteínas y lípidos, generando compuestos bioactivos con funciones hormonales e inmunológicas.
  • Produce vitamina K y vitaminas del complejo B.
  • Transforma polifenoles de alimentos como té, vino y cacao en moléculas activas con funciones antioxidantes, antimicrobianas y metabólicas.
  • Los microbios del intestino pueden transformar xenobióticos (sustancias extrañas para el cuerpo, como medicamentos). Por ejemplo: algunos microbios producen sustancias que bloquean enzimas del hígado, afectando cómo metabolizamos medicamentos como el paracetamol. Otros, como Eggerthella lenta, pueden inactivar medicamentos cardíacos como la digoxina.
  • Tu microbiota también forma parte del escudo protector de tu intestino: en el colon, hay una doble capa de moco que impide que los microbios toquen directamente las células intestinales. En el intestino delgado, donde el moco es más delgado, los microbios ayudan a producir proteínas antimicrobianas (AMPs) como defensinas y catelicidinas, que eliminan microbios dañinos. Algunas bacterias buenas, como los Lactobacillus, acidifican el entorno y fortalecen las defensas del cuerpo contra patógenos.
  • La microbiota intestinal, juega un papel crucial en la regulación del sistema inmunológico. Actúa junto con las células inmunitarias del cuerpo para mantener el equilibrio y garantizar que solo los patógenos sean eliminados, mientras los microorganismos beneficiosos, como las bacterias comensales, son tolerados. La microbiota intestinal es esencial para el desarrollo y la función de estas células inmunitarias. Sin una microbiota saludable, el sistema inmunológico no se desarrolla correctamente. La microbiota intestinal tiene un papel activo en el mantenimiento de nuestro sistema inmunológico, actuando como un “escudo” que, cuando está equilibrado, nos protege de las amenazas sin reaccionar de manera excesiva ante los microorganismos inofensivos.

 

 

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